ASOCIACIÓN PROVINCIAL DE BLOGUEROS Y WEBMASTERS DE JAÉN. "JAÉN BLOGUERO"

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martes, 30 de noviembre de 2010

¿Donde estamos? ¿Que es?

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¿Sabes de qué se trata? ¿Conoces este rincón de Jaén? Te daré cuatro pistas:
1ª- Construida por Eufrasio López de Rojas en 1673.
2ª- La portada es bien sencilla, destacando la hornacina donde se encuentra una figura exenta de Santa Teresa.
3ª- En su interior es de señalar un hermoso patio adornado con arcos superpuestos sobre gruesos pilares.
4ª- Destacan también los trabajos de repostería que en ella se elaboran.
Si es así y crees que lo sabes, deja tu comentario y participa de esta nueva sección del blog JAÉN. BELLA CIUDAD DE LUZ.

lunes, 22 de noviembre de 2010

La torre de San Ildefonso y sus escudos

Torre de la Iglesia de San Ildefonso
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La hermosa torre de San Ildefonso indica, por las armas episcopales que la jalonan, los periodos en que se fue construyendo. Consta de tres cuerpos separados por salientes cornisas, y un remate o capitel todo de piedra. El cuerpo bajo, de planta cuadrada, lleva las armas de don Francisco Sarmiento de Mendoza, obispo de Jaén, durante los años de 1580 a 1595, apenas nombrado prior de la parroquia don Melchor de Soria Vera. El segundo cuerpo, también de planta cuadrangular, se terminó en 1600, y para él hizo Cristóbal Téllez, entallador, el escudo con las armas de don Bernardo de Rojas y Sandoval, obispo de Jaén desde 1595 a 1599, año en que fue nombrado cardenal-arzobispo de Toledo. Se pagó a Cristóbal Téllez y a Alonso Hurtado, cantero, “de lo que trabajó en dicha torre”, 354 reales. El tercer cuerpo de la torre es octogonal. En él van las campanas y lleva las armas del obispo don Sancho Dávila y Toledo, que rigió la Diócesis de Jaén desde 1600 a 1615. Esta parte de la torre se levantó durante los años de 1608 a 1610, según cuentas de fábrica, invirtiéndose en materiales 3.552 reales, de ellos 566 por la saca y desbaste de 40 varas de piedra del Mercadillo y 56 que se pagaron a Sebastián de Solís, escultor, por cierta cantidad de piedra del Parralejo que dio para la bóveda de la torre.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Abastecimiento de agua y nieve en Jaén (siglo XVII)

Nieve en Jaén
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La ciudad de Jaén se abastecía fundamentalmente de dos manantiales que brotaban en la propia ciudad: La Magdalena y Santa María. Existía un tercer raudal: el Alamillo. Aunque la ciudad gozaba en principio de abundante agua hubo siempre muchos pleitos por su distribución que aumentaban en años de sequía, frecuentes en el siglo XVII. Había fuentes para el público en general, pero también llegaba el agua a las casas particulares de los señores principales. Estas concesiones eran muy discutidas. Se destacan tres fuentes monumentales: Los Caños, Arrabalejo y Fuente Nueva; hubo otras sin pretensiones artísticas, así como pilares-abrevaderos para el ganado. El aprovisionamiento de nieve en el siglo XVII era considerado de primera necesidad para alivio de algunas enfermedades. Muchos médicos escribieron sobre la terapéutica con nieve, entre ellos el jiennense Gutiérrez Godoy. El Ayuntamiento de Jaén tenía dos simas en las sierras de la Pandera y Mágina donde se recogía la nieve caída en invierno para transportarla diariamente en verano a la ciudad. El Ayuntamiento contrataba a un hombre para el comercio de la nieve y también imponía el precio, que en Jaén era muy bajo en relación con las demás ciudades españolas.
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Autor: Luis Coronas Tejada
Localización: Revista de la Facultad de Humanidades de Jaén, ISSN 1133-2999, Vol. 1, Tomo 2, 1992 (Ejemplar dedicado a: Geografía e Historia), pags. 57-67

lunes, 8 de noviembre de 2010

El Reloj de Sol de la Catedral

Reloj de sol de la Catedral
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El siglo XVI constituirá un período de esplendor para la ciudad de Jaén. El crecimiento de la población permitió la expansión del casco urbano más allá de los límites impuestos por el cinturón de la muralla. El auge del comercio pronto situará a la población -con voto en Cortes- entre una de las principales de la Corona; su Obispado era ansiado por sus pingües rentas... Esplendor que tendrá su mejor muestra en el campo artístico, y de manera especial, en una obra: la Catedral. El Renacimiento, movimiento imperante en estos momentos, supuso una vuelta a la Antigüedad Grecolatina, despertando el interés por temas olvidados durante el Medievo como las Ciencias, la Música, la Historia, lenguas como el Griego y el Hebreo, además del Latín, las lenguas vernáculas, etc. El auge de la Astronomía fue uno de ellos. Por otra parte, la Catedral se presenta no sólo como el signo más evidente del poder del Cabildo Eclesiástico, sino el lugar más apropiado para plasmar todos aquellos presupuestos retomados del mundo clásico tanto a través de la lectura de autores cual Vitruvio, como por los contactos directos que los arquitectos que en ella trabajaron habían tenido con obras y escritos de la Italia renacentista. El interés por la Astronomía, por el movimiento del sol y la luna, despertó de nuevo el gusto por los relojes de sol, en un momento en que ya se habían generalizado los relojes mecánicos. A mediados de siglo, durante la actuación de Juan de Aranda y Salazar (1605-1654) como maestro mayor de las obras catedralicias, se colocó en la fachada de la lonja sur, bajo el balcón central, aproximadamente a la altura del tercer piso, un reloj de sol labrado en quince bloques de piedra blanca. La elección no era arbitraria.
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Fachada donde se encuentra el reloj
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Esta es la fachada que recibe más horas de sol al día, por lo que fue designada para ubicarlo de manera intencionada. De cuidada factura, como signo externo del poder capitular, poseía, grabados, las indicaciones relativas a las horas en caracteres arábigos en la parte superior del arco, y en caracteres romanos en la inferior. Todo él, además, se encontraba ornamentado por una moldura, también de piedra. Era un reloj para ser contemplado. No sólo por el hecho de que necesariamente tuviera que serlo para conocer la hora en un momento determinado, sino porque había sido concebido como tal, de ahí los detalles existentes. Incluso, el cómputo horario quedó enmarcado por dos inscripciones, de nuevo con una clara referencia al mundo clásico, dejando perpetua constancia de la preocupación por el paso del tiempo como advertencia de la proximidad de la muerte.
Así, sobre él, una inscripción en latín reseña:

"EN TIBI DICO BREVI TRANSIBO TEMPORE SIGNUM
SED PARCAE TRADITV BREVIO REPOTES".
En la parte inferior, en castellano, recuerda:

"ATIENDE A TI TE DIGO MI CARRERA
EN BREVE TIEMPO PASARE LIGERO
MAS PUEDE SER TU MUERTE MAS LIGERA".

Inscripciones dispuestas de manera intencionada a la entrada de un templo, recordando al espectador la concepción del tempus fugit, que remarca la idea del paso del tiempo y la permanente proximidad de la muerte, temas de constante referencia para el hombre, y que aún hoy su presencia nos lo recuerda.
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CUATRO RELOJES. CUATRO TIEMPOS.
Mª Amparo López Arandia

La catedral de Jaén (II)

Video de Nuestro Padre Jesús "El Abuelo"

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