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sábado, 29 de septiembre de 2012

LA LEYENDA DE "LA MONA" DE LA CATEDRAL

"La Mona de la Catedral"

Según la tradición a  finales del siglo XIX unos niños que habían oído de sus mayores el encantamiento maléfico que pesaba sobre  la pequeña  figura  -lo que  les hacía  rehuir este  lugar para sus juegos-, por dárselas de valientes, decidieron cierta  tarde bajar hasta  la Plaza de San Francisco y pasar bajo la imagen demoníaca de la Mona, ante el estupor de las personas que por allí andaban, pues evitaban tanto mirarla, como pasar cerca de ella. Desoyeron los niños las asustadas peticiones de aquellas gentes, a las que parecía que les iba en ello la propia vida, y primero más retraídos y después más resueltos, pasaron una y otra vez bajo la adusta silueta  de  aquella  imagen a  la que, una  vez  se hubieron  desinhibido  totalmente,  le proferían  insultos  y gestos soeces. De vuelta a su Barrio, los niños fueron recibidos como héroes por la chiquillería, y sobre todo por las niñas. Enterados sus padres, les recriminaron duramente su actitud y les prohibieron volver por  allí. Días más tarde hicieron una nueva visita a la Plaza en compañía de aquellos que dudaban de su anterior bravura. Una  vez  llegados  al  lugar,  se  pavonearon  de su  valentía, mientras  que algunos de ellos permanecían un tanto alejados para no verse sometidos a la maldición de la Mona. Fue entonces cuando el más envalentonado por las miradas de admiración de los que se encontraban más  lejos, hizo alarde de su  inconsciencia y  tomó varias piedras del suelo,  lanzándolas contra la imagen del judío, hasta que una de ellas impactó contra la nariz, mutilándola. El miedo y admiración se apoderaron de los presentes  cuando vieron que, a los pocos minutos, aquel niño comenzaba a sudar y a sentir escalofríos. De vuelta a la casa, los padres llamaron al médico. Este le aplicó ungüentos y le dio medicamentos,  pero  el  niño,  lejos  de mejorar,  se  convulsionaba  en  la  cama  entre  gritos. Cuando amaneció, dejaron de escucharse los gritos. Ahora eran sollozos los que salían de la casa. Eran los de la madre, viendo el cuerpo sin vida de su hijo. 

4 comentarios:

Manuel Almansa dijo...

Camino de mi colegio de prácticas (allá por el año 90), tenía que pasar por el Colegio de Arquitectos y,... ¡sí, lo confieso!... ¡yo también procuraba mirar a la Mona cuando ya andaba bastante alejado de su área de influencia. ¡Los que nos hemos criado entre cuestas somos así! ¡No importa que hayamos nacido junto al sabio río!

JOSE LUIS dijo...

Por si fuera interesante o útil para ti o parfa los lectores de tu web, tengo publicado el siguiente blog:
http://plantararboles.blogspot.com
Se trata de una guía breve y práctica para que los amantes del campo y la montaña podamos sembrar/plantar árboles, casi sobre la marcha, aprovechando las semillas que nos dan los árboles y arbustos autóctonos de nuestra propia región.

Salud,
José Luis Sáez Sáez

Anónimo dijo...

Coño, no conocía yo esa historia. Curioso.

Jaén dijo...

gracias por la información

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